miércoles, 26 de agosto de 2020

EL RETABLO PÉTREO DE SANTO ESTEVO

El monasterio de Santo Estevo, en la Ribeira Sacra de Orense, conserva un magnífico relieve tallado en granito, procedente de un retablo románico que los especialistas han datado entre los siglos XII y XIII. La pieza se encuentra hoy adecuadamente expuesta y puesta en valor a la izquierda de la capilla mayor de la iglesia, pero estuvo oculta durante siglos. En unas obras de restauración realizadas en 1950, apareció empotrada y cubierta de cal en una pared del segundo piso del llamado Claustro Dos Cabaleiros. Su función como retablo parece probada por la propia disposición de la pieza, que no podía utilizarse como frontal de altar por su forma triangular ni como tímpano arquitectónico, por su gran tamaño y porque el basamento está compuesto de dos tramos unidos entre sí, y no uno solo como sería lo lógico.

La composición e iconografía son sencillas; Cristo aparece en el centro de la composición secundado por los doce apóstoles, todos de frente y de pie, tocados con un nimbo de santidad y cobijados por arcos de medio punto. Los tres personajes principales son de mayor tamaño, están enmarcados por dos columnas a los lados, y muestran delante de cada uno un símbolo que les identifica: Cristo una corona real y una cruz triunfal, Pedro unas llaves y un libro, Pablo una espada y una filacteria. El resto de los apóstoles porta de forma genérica libros alusivos a su labor evangelizadora, y van disminuyendo su estatura conforme se aproximan a los extremos, en un esfuerzo por adaptarse a la forma triangular del frontón. 

Sus actitudes son variadas; dos enseñan las palmas de las manos, uno señala con el dedo a Cristo y otros se apoyan en báculos. Algunos tienen los pies desnudos, como es habitual en la iconografía medieval, y otros llevan un calzado puntiagudo. Destaca la figura de Santiago Apóstol, a la izquierda de San Pedro. Lleva pegada al hombro la concha de peregrino, lo que le convierte en una de las representaciones más antiguas de esta iconografía particular. También es característica la figura más joven, imberbe y apesadumbrada, en el último puesto de la derecha, que puede identificarse como San Juan.

La base de toda la composición es un bancal de 250 cm de largo jalonado por una galería de arcos de medio punto, sobre la cual se dispone una imposta adornada con pequeñas pomas. La cara posterior de la obra también está esculpida con una arquería románica de trece tramos, rematada por pomas y rombos, que se adaptan en altura a la forma triangular del conjunto. En el arco central vuelve a aparecer Jesucristo en actitud de impartir su bendición. La obra, en fin, es absolutamente fantástica tanto por su preciosismo como por su maravillosa ingenuidad.


martes, 25 de agosto de 2020

SAN FROILÁN

Me he encontrado en la Catedral de Lugo esta curiosa escena esculpida en un medallón de forma oval, que muestra a un monje predicando acompañado de un animal que parece llevar unas alforjas y, sin embargo, no parece un asno o un mulo, como sería lo habitual. La imagen se encuentra en la calle izquierda del retablo de una capilla situada en el lado del Evangelio, junto a los pies del templo, que fue modificada entre 1785 y 1796. Gracias a la documentación histórica conservada en el archivo de la catedral, sabemos que dicho retablo fue esculpido en granito por Manuel de Luaces, de acuerdo a un diseño clasicista propuesto en 1789 por Miguel Ferro Caaveiro, y posteriormente fue policromado por Manuel Rodríguez Adrián y Andrés Ferreiro.

Probablemente, el hecho de que se hiciera en piedra tiene que ver con las normas promulgadas por la Academia de Bellas Artes de San Fernando en aquellos tiempos, que prohibieron hacer más retablos en madera, por su propensión a incendiarse y porque su estilo barroco no se ajustaba al gusto neoclásico del pensamiento ilustrado. Como consecuencia de ello, desde finales del siglo XVIII y durante todo del siglo XIX se realizaron numerosos retablos en piedra o mediante pinturas de arquitecturas fingidas, de los cuales ya hemos publicado algunos ejemplos en este blog.

La escena representada está relacionada con uno de los pasajes más populares de la historia de San Froilán (832-904), patrón de la ciudad de Lugo al que está dedicada la capilla. Aunque era de familia noble y bien instruido, Froilán se retiró muy joven a vivir como ermitaño en Ruitelán, en las montañas del Bierzo, para buscar en soledad el encuentro místico con Dios. Es entonces cuando tuvo lugar un milagro, según el cual un lobo hambriento atacó y devoró al asno que le acompañaba, mientras Froilán se hallaba entregado a la oración. Entonces el santo miró cariñosamente a los ojos del lobo y le dejó acurrucado, mientras le hablaba dulcemente de amor y paz. El lobo perdió el miedo al hombre y al fuego, y se convirtió en el sirviente fiel de Froilán; desde ese momento decidió cargar con las alforjas que antes llevaba el asno muerto.

San Froilán inició poco después su predicación por Lugo, Zamora, Asturias y Cantabria, llegando a ser obispo de León. Compartió muchos de sus viajes con su gran amigo San Atilano, a quien le unía el mismo anhelo de evangelización, reforma de la vida eremítica y fundación de monasterios. El relieve de la Catedral de Lugo muestra a Froilán vestido como un monje, todavía en su rol de eremita, mientras se dirige a una multitud. Está subido a un púlpito y al fondo se distingue una mesa de altar, lo que hace suponer que se encuentran en una iglesia. El público está formado por hombres y mujeres de toda condición, que escuchan arrobados a Froilán. Y debajo del púlpito se ve al lobo, que porta las alforjas llenas con los libros del santo.


viernes, 31 de julio de 2020

LA RENDICIÓN DE BAILÉN

El 19 de julio de 1808 tuvo lugar uno de los hechos de armas más importantes de la Guerra de la Independencia contra los franceses, la victoria del ejército de Andalucía, comandado por los generales Teodoro Reding y Francisco Javier Castaños. Con frecuencia se ha identificado esta batalla como la primera en la que fue derrotado Napoleón, aunque eso no es exacto. Fueron unos 20.000 soldados de sus tropas, dirigidos por el Mariscal Pierre-Antoine Dupont pero Napoleón en persona no llegó a la Península Ibérica hasta varios meses después; y tampoco fue la primera derrota de los franceses en España, porque las fuerzas navales de Juan Ruiz de Apodaca ya habían vencido a las del almirante Rosily-Mesros en la bahía de Cádiz el 14 de junio del mismo año. Sin embargo, en toda Europa se ensalzó la Batalla de Bailén como la gran primera derrota del ejército napoleónico en un campo de batalla.
La Batalla de Bailén fue consecuencia de la represión y de los abusos cometidos por los franceses después del levantamiento popular del 2 de mayo. Una vez controlada la situación en Madrid, los ejércitos bonapartistas se desplegaron por el resto de la geografía española. Dupont entró en Andalucía sin oposición a principios de junio, concentrando sus tropas en Andújar, y el día 7 lanzó una expedición contra Córdoba. La ciudad califal fue saqueada durante nueve días, lo cual aumentó la indignación de los españoles, que se prepararon para una operación de defensa a gran escala.
Castaños desde Sevilla, y Reding desde Granada, se unieron para formar un gran ejército de 27.000 hombres que obligó a los franceses a retroceder hacia el norte. Los contendientes se encontraron el 15 de julio y entablaron sucesivos combates y escaramuzas apoyadas por la guerrilla, hasta que el día 22 Dupont firmó la capitulación de su ejército. La estrategia española consistió en cortar las líneas de suministro francesas y cercar al enemigo por dos flancos, desde Andújar y desde Mengíbar, hasta que lograron cruzar el Guadalquivir y se batieron en la batalla final, en las cercanías de Bailén. El resultado de la misma provocó que el rey José Bonaparte abandonara Madrid y todos los franceses se replegaran hacia el País Vasco y Navarra, dando fin a la primera fase de la guerra. 


La imagen que ilustra este acontecimiento es un gran cuadro de historia de 338 x 500 cm realizado por José Casado del Alisal en 1864, que se encuentra en el Museo del Prado. Representa el momento de la capitulación francesa mediante una composición en aspa, claramente inspirada en La rendición de Breda de Velázquez. En el centro geométrico aparecen los dos generales: Castaños afable y con casaca blanca, Dupont de negro, con semblante serio y abriendo las manos resignado. El general español se quita el sombrero respetuoso, para honrar al vencido, un gesto que encuentra su réplica en uno de los jinetes franceses. A la izquierda, le acompañan orgullosos los soldados españoles, algunos de ellos representados como simples campesinos o guerrilleros; destaca en primer término el detalle del trofeo con forma de águila, que ha apresado uno de ellos, y el carácter retratístico de los rostros. A Dupont le acompaña uno de sus lugartenientes malherido, con una venda en la cabeza, mientras que por la derecha desfilan vencidos y sin armas las tropas francesas.
Sobre el paisaje del fondo se despliega una vista panorámica del campo de batalla, animado por el humo de los cañones. Los mástiles de las banderas y enseñas que enarbolan las caballerías de ambos bandos refuerzan el parecido con la composición velazqueña. Sin embargo, es característica de la pintura del siglo XIX la excelente técnica realista con que Casado del Alisal dibujó los personajes y los detalles costumbristas de la escena. Esta técnica fue aprendida por el artista durante una estancia de formación en París, donde pintó el cuadro. También es novedoso el tratamiento de un hecho histórico relativamente reciente, menos alejado en el tiempo de lo que era habitual en ese tipo de pintura. 

Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.