martes, 10 de marzo de 2026

RETRATO DE CARLOS III NIÑO


El retrato del infante Carlos, futuro Carlos III, fue pintado por el francés MichelAnge Houasse a poco de llegar Madrid para trabajar como pintor de cámara de Felipe V y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio. Por la edad del retratado, cuando contaba apenas seis meses de edad, constituye una de las imágenes más sugerentes de la iconografía borbónica en los primeros años de esta dinastía en España. Inicialmente, el lienzo fue atribuido a otro pintor francés, Jean Ranc. Sin embargo, los historiadores del arte lo han incluido recientemente en el catálogo de Houasse, al identificarlo con una imagen realizada entre junio y julio de 1716, que era conocida por fuentes escritas

La obra es un óleo sobre lienzo procedente de una colección particular. Representa al infante como un bebé sentado sobre un lujoso cojín de terciopelo carmesí y rodeado de objetos que construyen un discurso simbólico sobre la abundancia, la continuidad dinástica y la educación moral del heredero. El niño sostiene un racimo de uvas, un motivo vinculado tanto a la fertilidad como a la dulzura de la infancia, y acaricia un perrito, símbolo de fidelidad que refuerza la virtud principesca. A sus pies hay una cinta azul de la que cuelga una joya alusiva a la Orden del Espíritu Santo, y una manzana que representa la prosperidad o la abundancia como augurio de un feliz reinado. Más llamativa es la cesta de frutas de la derecha, donde vuelve a haber uvas y una manzana, que refuerzan el mensaje anterior, y un loro que aporta un matiz exótico. El pájaro hace referencia, por un lado, al interés de la época por el conocimiento de otros mundos, y por otro, a los dominios de la monarquía española en América. El fondo es un suntuoso cortinaje que da empaque a la composición, aunque a la izquierda se abre un paisaje, que recuerda a la sierra de Madrid. Este paisaje proporciona un entorno idealizado, que trasciende lo doméstico para proyectar la imagen del príncipe hacia su futuro papel político.

El retrato no solo documenta la imagen de un bebé que llegaría a ser uno de los monarcas ilustrados más importantes del siglo XVIII, sino que además refleja la sofisticada cultura visual de la corte borbónica en sus primeras décadas en España. A pesar de ello, la reina Isabel de Farnesio no quedó contenta con los retratos que Houasse hizo de la familia real, porque seguía unos modelos que ya resultaban anticuados para la nueva dinastía y porque no conseguía plasmar el parecido de los efigiados, según desveló en una carta a su madre. 


sábado, 28 de febrero de 2026

MANO SABAZIA

Esta pequeña figura de bronce se encuentra en ARQVA, el Museo Nacional de Arqueología Subacuática de Cartagena. Fue hallada en un pecio en Escombreras y está datada en el último cuarto del siglo I. Se trata de un exvoto u ofrenda que se hacía en señal y recuerdo de un beneficio recibido.

Representa una mano con los dedos anular y meñique doblados, lo que en el mundo romano constituía un gesto de bendición. Está decorado con motivos iconográficos en relieve, siendo la figura principal el dios Sabazios, que se alza sobre una cabeza de carnero en el centro, ataviado con un gorro frigio. A la izquierda sobresale una serpiente, símbolo de la renovación cíclica de la vida, y en la parte inferior hay una mujer amamantando un niño dentro de una cueva. Ambas figuras coinciden en encarnar la fertilidad y el poder regenerador.

Este tipo de objetos solían utilizarse como estandartes en las procesiones y ritos dedicados a Sabazios, una divinidad redentora venerada por pueblos tracios y frigios, que los romanos asimilaron a otros dioses propios como Baco, por su carácter extático, o Júpiter, por creerlo dominador del cielo. Los rituales asociados a Sabazios se consideraban mistéricos, es decir, reservados exclusivamente a iniciados, y tenían como objetivo la purificación y la bendición con ramos, serpientes y símbolos mágicos.

La presencia de objetos arqueológicos vinculados a este dios en la Península Ibérica es algo menor que en otros puntos del Mediterráneo. En Ampurias, en el entorno de Tarraco y en la Bética se han hallado manos votivas como esta, pequeñas figurillas metálicas con símbolos sabazianos, amuletos con serpientes, piñas y otras piezas diversas. Sin embargo, en Hispania no llegó a desarrollarse un culto organizado a gran escala, como sí sucedió con otras divinidades orientales, así que estos ejemplos parecen más bien ligados a pequeños grupos de soldados, mercaderes, marineros o libertos de origen oriental. 

jueves, 9 de enero de 2025

EL PÚLPITO DE LA CATEDRAL DE VIENA

Entre las obras maestras que atesora la Catedral de San Esteban de Viena se encuentra este fantástico púlpito del periodo Gótico Tardío, construido entre finales del siglo XV y principios del XVI. Durante mucho tiempo fue atribuido a Anton Pilgram, pero en la actualidad se relaciona con el taller de Niclaes Gerhaert van Leyden, autor del sepulcro del emperador Federico III en esta misma catedral. El escultor está representado en un curioso relieve situado en la base del pilar al que se adosa el púlpito. Este relieve es conocido popularmente como "el mirón en la ventana" y muestra al personaje con un compás que le identifica como arquitecto, de forma similar a la estatua de Anton Pilgram, que se encuentra a los pies del órgano.

La composición consta de tres módulos de piedra arenisca: primero, un pedestal articulado por seis columnillas que albergan esculturas de santas y dan paso a una cazoleta formada por esbeltas tracerías caladas, que se asemejan a los pétalos de una flor; segundo, una tribuna o cátedra de planta poligonal, en cada uno de cuyos lados se muestra una figura de los Padres de la Iglesia en altorrelieve, cobijada por gabletes curvilíneos; y tercero, una escalera de acceso que rodea todo el pilar de la catedral y está rematada por una barandilla de tracerías formadas por ruedas trilobuladas y cuadrilobuladas.

Iconográficamente, los elementos más importantes son las esculturas de los Padres de la Iglesia Latina, que aparecen con libros por su condición de doctores junto con otros atributos y poses referidos a distintos temperamentos: San Agustín tiene una mitra de obispo y una actitud reflexiva con la mano en la barbilla, San Gregorio Magno una tiara y una lupa que simboliza el escepticismo de la edad adulta, San Jerónimo un capelo cardenalicio y el gesto pesaroso de la vejez, y San Ambrosio vestido también de obispo, en actitud melancólica. En las columnas situadas entre los Padres hay otras estatuillas; entre todas suman doce, como los Apóstoles de Cristo. 

Las ruedas trilobuladas de la escalera simbolizan la Trinidad y parecen estar en ascenso, mientras que las cuadrilobuladas sugieren descenso y representan lo terrenal: las estaciones del año, los puntos cardinales o los temperamentos. Por la barandilla se deslizan serpientes, ranas y anfibios fantásticos que se muerden entre sí, simbolizando la lucha del bien contra el mal. En lo alto de la escalera, un perro guardián evita evita que estos animales intrusos lleguen a la tribuna del predicador. Todo constituye una metáfora del viaje ascendente del sacerdote, que al subir al púlpito se aleja de todo lo mundano y queda tocado por lo divino para predicar adecuadamente la Palabra de Dios. 

Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.