miércoles, 16 de diciembre de 2015

PETER RABBIT Y BENJAMIN BUNNY

Peter Rabbit y Benjamin Bunny son probablemente los dos personajes más famosos del universo literario de la escritora británica Beatrix Potter. Publicado por primera vez en 1902, The Tale of Peter Rabbit (en español El cuento de Perico, el conejo travieso), fue el primero de una extensa serie de 23 libros infantiles, que conformaron un maravilloso universo ficticio disfrutado por multitud de generaciones, desde entonces hasta el día de hoy. Su origen se encuentra en una carta enviada por Beatrix Potter a Noel Moore, con una pequeña historia sobre conejos adornada con dibujos. A pesar de su potencial, el proyecto de cuento fue ignorado por seis compañías, y la autora acabó publicándolo por sí misma, con una discreta tirada de 250 ejemplares. El éxito de la misma llamó la atención del editor Frederick Warne, quien finalmente se decidió a patrocinar la obra con fines comerciales.
Las historias de Beatrix Potter están protagonizadas por pequeños animales de campo (conejos, ratones, ardillas, ranas, zorros, etc.), de modo que utiliza de forma constante la personificación. Su fuente de inspiración fueron las fábulas tradicionales, pero también el paisaje y la fauna del Lake District, en el norte de Inglaterra, donde acostumbraba a pasar largas temporadas. Desde el punto de vista de la crítica, la mayor virtud de los cuentos de Beatrix Potter es el empleo de una escritura elegante y refinada para construir tramas complejas que, sin embargo, se plasmaron en libritos sencillos, de pequeño formato, que podían ser fácilmente manejados por los niños. En cierto modo, fue una de las primeras autoras que se propuso hacer una literatura infantil seria.


La afición de la autora por la pintura, que cultivó desde niña, le llevó a ilustrar sus cuentos con preciosos dibujos de paisajes naturales, animales y rincones domésticos, que enriquecieron de forma extraordinaria el acabado de cada uno de los cuentos. De hecho, estos dibujos son una de las grandes razones de su popularidad. En la actualidad, es posible admirar una extensa colección de bocetos originales, tal como fueron diseñados por la autora antes de su publicación, en la BeatrixPotter Gallery del pintoresco pueblo de Hawkshead. 
Hay que valorar estos dibujos, más allá de su carácter entrañable y preciosista, como verdaderas obras de arte. Además de escritora, Beatrix fue una experta naturalista que se pasaba horas observando las interacciones y los cambios producidos en los ecosistemas. En efecto, escenas como la que reproducimos aquí muestran un conocimiento exhaustivo de la naturaleza. Tanto el paisaje como las plantas, las flores y los animales están retratados con un gran afán de verosimilitud. Los dos conejos y los ratones son fisionómicamente correctos, como puede apreciarse en la posición de los ojos, el pelaje o  la forma de las orejas; sólo se singularizan como personificaciones infantiles por el hecho de que visten chaquetas y porque caminan y hacen gestos como los humanos. Por otra parte, la antropización de los personajes no está exenta de una cierta carga simbólica: el color del vestuario está cuidadosamente escogido en función de la clase social, la personalidad o la procedencia de cada uno de ellos.


Además de por sus capacidades artísticas, Beatrix Potter llegó a ser respetada como una naturalista de prestigio por sus estudios sobre la germinación y el ciclo vital de los hongos, que concluyeron en la realización de numerosos dibujos científicos en torno a 1901. Su condición de mujer, no obstante, le impidió ver publicado ninguno de sus trabajos académicos, a pesar del apoyo recibido por parte del reputado micólogo Charles McIntosh, y a pesar de que sus hallazgos fueron aceptados como correctos con posterioridad. Es más, tuvo que ser su tío el que defendiera ante la Sociedad Linneana de Londres su investigación sobre los hongos, porque estaba prohibida la entrada a las mujeres. Afortunadamente, en el Armitt Museumand Library de Ambleside han logrado reunirse hasta 270 acuarelas suyas que representan con una calidad y un detallismo excepcionales setas, peces, reptiles, insectos, fósiles y objetos arqueológicos, entre otras cosas. Muchos de estos dibujos, herederos de la técnica analítica-descriptiva que se utilizaba en las ilustraciones científicas del siglo XVIII, anticipan lo que luego sería plasmado en sus cuentos infantiles.
Beatrix Potter también fue una ecologista convencida y una fiel defensora de los modos de vida de la campiña inglesa. Con las ganancias obtenidas por sus publicaciones, adquirió de manera altruista numerosas granjas y casas rurales en Lake District, permitiendo a sus arrendatarios continuar con sus oficios tradicionales. Así evitó la amenaza de la industrialización y la especulación inmobiliaria que se cernía sobre aquella región en las primeras décadas del siglo XX. Por todo ello es considerada una de las fundadoras del National Trust, una fundación sin ánimo de lucro que hoy gestiona cientos de parques naturales, reservas protegidas, bosques, jardines históricos, sitios arqueológicos y monumentos en toda Gran Bretaña.

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

EL JUEGO DE LOS SABUESOS Y LOS CHACALES


El Juego de los Sabuesos y los Chacales fue un pasatiempo extremadamente popular en la Antigüedad, practicado desde Egipto hasta Irán. Conocido también como Juego de los Caballos y los Sabuesos, por las figuras representadas, o Juego de la Palmera, por el dibujo esgrafiado en el tablero, consistía en una especie de carrera entre dos jugadores que desplazaban varias fichas a la vez. Para ello se utilizaba un tablero perforado con numerosos agujeros, en los que se introducían clavijas rematadas con las cabezas de dos animales distintos, con el fin de diferenciar los dos bandos contendientes.
El ejemplo que mostramos aquí es especialmente sofisticado, ya que con toda probabilidad perteneció a un personaje de la nobleza; se conserva en el Metropolitan Museum de Nueva York y fue hallado por el famoso arqueólogo Howard Carter en la tumba de Reny-Seneb, en Tebas, en el año 1910. Tiene el aspecto de un pequeño mueble fabricado con madera de sicomoro y marfil, y está decorado con pintura negra y roja para señalar los agujeros y estilizar la figura de una palmera en la parte central del tablero.
Las reglas del juego no están claras pero parece que se trataba de una competición entre dos jugadores, que movían sus respectivas clavijas para recorrer hileras opuestas de agujeros de acuerdo con el valor que marcaban los dados. El itinerario debía empezar desde dentro, continuar por las hileras interiores hasta el extremo y finalmente bifurcarse por las exteriores hasta llegar al último agujero, situado entre ambas hileras. De acuerdo con esta hipótesis, ganaba el jugador que antes consiguiera hacer llegar todas sus piezas a la meta. Otra posibilidad estaría condicionada por las características singulares de algunos de los agujeros, como su color o anchura, que permitirían a un jugador capturar piezas del contrario. Así puede apreciarse en el segundo ejemplo que reproducimos aquí, procedente de Sudán y conservado en el Museum of Fine Arts de Boston desde 1919. En la mayoría de versiones se han encontrado líneas dibujadas o arañadas sobre el tablero, que podrían indicar atajos rápidos o también la obligación de retirar alguna ficha. Todas estas opciones sin duda enriquecerían las características y las motivaciones del juego, como explicaba el propio Howard Carter en una publicación académica del año 1912:

«Suponiendo que el símbolo shen sea la meta, encontramos a cada lado veintinueve agujeros o, incluyendo la meta, treinta. Entre estos agujeros, a cada lado, dos aparecen marcados con el signo nefer (“bien”) y otros cuatro están conectados entre sí por líneas curvas. Asumiendo que los agujeros marcados como “bien” produjeran una ganancia, sería lógico que los otros, conectados por líneas, conllevasen una pérdida. Los movimientos podrían darse fácilmente por casualidad o por el efecto de los dados, y si es así, tenemos ante nosotros un sencillo pero excitante juego de azar.»


Las actividades lúdicas y de ocio formaban una parte muy importante de la vida en el Antiguo Egipto. Son numerosos los testimonios que se han rescatado a este respecto en los yacimientos arqueológicos. Lo más interesante es que habitualmente aparecen en tumbas, como parte integrante del ajuar funerario del difunto. Esto se debe a que los egipcios entendieron el viaje al Más Allá de manera simbólica, como un juego de azar que había que superar con éxito para acceder a la inmortalidad. Ganar en esta carrera sobre el tablero implicaba lograr la protección de los dioses benefactores y así obtener el merecido descanso de la eternidad.

MÁS INFORMACIÓN:
http://www.metmuseum.org/collection/the-collection-online/search/543867 

lunes, 30 de noviembre de 2015

CARLOS I ESTUARDO EN EL PARLAMENTO DE LONDRES


Esta imagen titulada El intento de arresto de los Cinco Miembros del Parlamento es una curiosa pintura realizada sobre cristal por Charles West Cope en la Época Victoriana, concretamente en 1866. Forma parte de la decoración de uno de los corredores del Palacio del Parlamento en Westminster (Londres) y pertenece al género de la pintura de historia, por cuanto pretende representar un hecho real sucedido el 4 de enero de 1642. En la tarde de aquel día, el rey Carlos I Estuardo irrumpió en la Cámara de los Comunes con un acta de detención contra cinco miembros destacados del parlamento, a saber, John Pym, John Hampden, Denzil Holles, William Strode y Sir Arthur Hesilrige.
La acusación era de alta traición a la corona, y se basaba en una propuesta de ley que aquellos representantes habían elevado unos días antes, para transferir el control del ejército nacional a la asamblea. Con anterioridad, otras disposiciones habían anulado la capacidad del rey para introducir nuevos impuestos, habían abolido la censura y habían ampliado los poderes de las corporaciones municipales. Todo ello colmó la paciencia de Carlos I, que además era muy celoso de su autoridad y no quería desprenderse de determinadas prerrogativas de su cargo, como la dirección de las fuerzas armadas. Por otra parte, estaba convencido de que una facción del parlamento había apoyado a los escoceses a invadir Inglaterra durante la reciente Guerra de los Obispos, y que además estaban promoviendo revueltas contra la monarquía. Sea como fuera, el conflicto era una clara demostración de las diferencias políticas existentes en Inglaterra durante la primera mitad del siglo XVII, entre los partidarios del absolutismo y los que pretendían un gobierno democrático sustentado en la soberanía parlamentaria.
La pintura muestra al rey a la derecha, a punto de sentarse en el sillón del presidente de la Cámara de los Comunes, que se arrodilla ante él. Mientras tanto, los demás representantes le observan asombrados, algunos con evidentes gestos de rechazo. Que un monarca ocupara el asiento principal del parlamento era un hecho sin precedentes en la historia política de Inglaterra. La costumbre era que el rey sólo entrara en la Cámara de los Lores, nunca en la de los Comunes, y desde luego estaba completamente fuera de lugar que utilizase el sillón presidencial como un trono. El suceso, por tanto, fue interpretado como una intromisión absolutamente indeseable y un quebrantamiento de los privilegios parlamentarios. Para más inri, los cinco acusados de alta traición escaparon poco antes de la llegada del rey, así que lo que Carlos había planificado como una estrategia de afirmación de su autoridad, produjo justamente el efecto contrario, su propio descrédito. El monarca fue obligado a abandonar el parlamento entre gritos de «¡Privilegio, privilegio!», las protestas antimonárquicas se propagaron por la ciudad y al día siguiente, los cinco acusados regresaron triunfalmente a Westminster.
Lo sucedido aquel día es considerado por los historiadores el punto de partida de la Guerra Civil Inglesa, que se desarrolló entre 1642 y 1648. Por supuesto influyó también el carácter autoritario de Carlos I, que ya había disuelto antes el parlamento en varias ocasiones con el objetivo de reinar de manera absoluta y sin oposición. La alta nobleza y la iglesia secundaron el proceder del monarca, agrupándose en el partido de los Cavaliers (caballeros), mientras que la pequeña nobleza rural y la burguesía trataron de restituir las competencias del parlamento que habían sido ninguneadas, asociándose en el partido de los Roundheads (cabezas redondas, en inglés). El país se dividió en dos bloques antagónicos que acabaron enfrentándose en el campo de batalla, hasta la victoria definitiva de los parlamentaristas.
La consecuencia de todo ello es bien conocida: Carlos I Estuardo fue juzgado por traición a la nación y finalmente declarado culpable. El 29 de enero de 1649 fue decapitado en el cadalso de Whitehall, en Londres, lo que constituyó un hecho sin precedentes en la historia de Europa, y un claro anticipo de lo que sucedería durante la Revolución Francesa, más de un siglo después. Finalmente, el Parlamento disolvió la Cámara de los Lores y convirtió a Inglaterra en una república o Commonwealth. Es significativo que esta pintura decore las actuales Casas del Parlamento de Londres, como eterno recordatorio de los límites del poder que debe respetar cualquier  gobernante. 
En otro orden de cosas, resulta interesante comprobar cómo la pintura de historia del siglo XIX sigue generando un riquísimo repertorio iconográfico que, por su valor emblemático, acaba pasando al imaginario colectivo y luego es repetidamente reproducido. La imagen que cierra este post es una captura de la película Cromwell, dirigida por Ken Hughes (1970), en la cual se representa precisamente el suceso histórico que hemos descrito. Las similitudes entre la pintura decimonónica y la escena cinematográfica son extraordinarias y, exceptuando el punto de vista, tanto la caracterización de los personajes como del ambiente comparten las mismas fuentes de inspiración.

MÁS INFORMACIÓN:
http://bcw-project.org/church-and-state/first-civil-war/five-members  

Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.