Este gran cuadro de 273 x 375 cm fue realizado por Dionisio Fierros Álvarez y se encuentra en el edificio histórico de la Universidad de Barcelona. Fue presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1867 y constituye un ejemplo de cómo la pintura de temas históricos se utilizó para hacer una reflexión crítica sobre la España del siglo XIX
El autor tomó
como pretexto un episodio del reinado de Enrique III de Castilla, llamado El
Doliente (1379‑1406), quien se distinguió por luchar
contra el exceso de poder y la corrupción de una parte de la nobleza. Según la leyenda,
el rey descubrió que varios nobles habían dilapidado gran parte del erario
público en su propio beneficio, sosteniendo una vida lujosa. Para comprobar
personalmente estos abusos, Enrique se disfrazó de trovador y acudió a una
fiesta organizada por uno de estos nobles, donde contó un relato fingido de su
propia vida: el de un joven de ilustre linaje arruinado por la mala gestión de
sus tutores. Los asistentes reaccionaron indignados y exigieron castigo frente
a tal injusticia. Poco después, el rey convocó a los mismos nobles a un
banquete que consistía únicamente en pan y agua, y a continuación comenzó a
imponerles los mismos castigos que habían exigido, revelando su verdadera
identidad. Más allá de la leyenda, lo cierto es que durante su reinado Enrique
III reafirmó el poder de la monarquía, derogó algunos privilegios de las
Cortes, saneó la economía, impulsó la figura de los corregidores en las
ciudades y decretó medidas protectoras para los judíos, que habían sido perseguidos
en 1391.
La
representación de Fierros se centra precisamente en el instante de en que los
nobles reciben su sentencia y suplican clemencia. La composición del cuadro tiene
forma piramidal. En primer plano se hallan los nobles rodeados por soldados
armados, sin posibilidad de escapar, destacando la figura del aristócrata que
eleva implorante sus brazos a la izquierda. En el centro en un podio elevado se
sitúa el rey, vestido de blanco como un gran punto de luz que brilla en la
oscuridad del palacio. Con un gesto imperativo domina la escena y la retórica del
suceso, señalando al verdugo, que se encuentra en la esquina derecha y se
identifica por sus medias rojas y sus instrumentos de ejecución. Un capellán suplica
indulgencia y un joven doncel rubio observa extasiado la grandeza de la voluntad
real. La ambientación es excelente, en particular los detalles de arquitectura
gótica del fondo y del trono, además de las vestimentas de los personajes, de
acuerdo con un trabajo de documentación que era especialmente valorado en la
pintura de historia decimonónica.
El cuadro no pretende solo la recreación de un suceso medieval de carácter dramático, lo cual era desde luego muy apropiado para el gusto romántico de la época. Su temática sirve para denunciar la crisis política y la mala gestión de los gobernantes de la España del momento, que constituyeron una de las causas de la Revolución Gloriosa de 1868. Por tanto, la pintura se convierte en un alegato moral ejemplarizante sobre la responsabilidad de los poderosos, y los peligros de la corrupción que afectan a la nación.
MÁS INFORMACIÓN:
https://museuvirtual.ub.edu/objecte/6430ap/

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