martes, 7 de diciembre de 2021

BUSTO DE CARLOS III

Este busto de bronce del rey Carlos III puede verse actualmente en una novedosa exposición en Madrid, dedicada a los tesoros artísticos del Banco de España. Mide 50 x 44 x 23 cm, se apoya sobre una peana de madera, y está firmado y fechado por el italiano Giacomo Zoffoli en 1781. El modelo de inspiración más claro pudo ser uno de los numerosos retratos del rey pintados al óleo por Anton Rafael Mengs, y en particular el que perteneció a la colección de José Nicolás de Azara, quien residía en Roma en aquella fecha. 

La fisionomía de Carlos III, con su prominente nariz y su frente despejada, es bastante precisa. Las arrugas del rostro y la mandíbula, lo mismo que las bolsas de los ojos, constituyen signos evidentes de su vejez, pues entonces ya había superado los 65 años. Esta representación realista se contrarresta con una indumentaria mucho más artificial, que pretende darle al personaje la dignidad que se merece. Destaca al respecto la peluca, el fular al cuello, la toga romana que lo reviste de poder imperial y el toisón de oro que le cuelga de una cadena. La mirada perdida en el horizonte acrecienta la imagen idealizada del monarca ilustrado. 

La escultura se vio envuelta en una curiosa historia de piratería y compraventa de obras de arte, bien documentada en una biografía de Carlos III escrita por Don Carlos José Gutiérrez de los Ríos y Córdoba, VI Conde de Fernán Núñez. En su texto el conde explicaba en primera persona cómo deseaba erigir una estatua al rey y entonces logró adquirir…


«…un busto suyo de bronce, parecidísimo, hecho en Roma, de que tuve noticia las doce del día, y á las tres estaba ya pagado y colocado en mi cuarto […] Este busto lo hizo en Roma Giacomo Zoffolli año de 1781. Lo embarcó en un buque genovés que apresaron los argelinos: éstos lo vendieron á un francés que lo revendió en París á Mr. Courteaux, de quien lo compró el Conde D. Carlos el día 23 de Febrero de 1791.»


MÁS INFORMACIÓN:

https://coleccion.bde.es/wca/es/secciones/coleccion/obras/carlos-iii--rey-de-espana-e_7.html


domingo, 31 de octubre de 2021

MUERTE Y VIDA

Esta pintura de Gustav Klimt resulta desde luego apropiada para un día como hoy, víspera de Todos los Santos. Fue realizada al óleo entre 1908 y 1915, mide 198 x 178 cm y se conserva en el Leopold Museum de Viena. Es una de las obras más conocidas del pintor austriaco, y sintetiza a la perfección su particular estilo, a caballo entre el Simbolismo y el Art Nouveau. El Simbolismo se expresa en el tema del cuadro, en el que se puede distinguir la figura aislada de la muerte enfrentada a un conglomerado de figuras, que representan aspectos de la vida humana. El Art Nouveau, por su parte, se aprecia en el uso de líneas oscilantes, el decorativismo y un colorismo exacerbado, que se extiende por los ropajes llenos de flores y motivos geométricos.

Compositivamente, llama la atención la forma en que se destacan los dos elementos del cuadro sobre un fondo neutro formado por manchas grises y verdosas. La distancia espacial y simbólica entre ambos elementos se acrecienta por el enorme vacío existente en el medio. A la izquierda, la figura exageradamente alargada de la muerte se presenta encorvada y envuelta en una especie de sudario oscuro, ornamentado con cruces y círculos. Es un esqueleto que sujeta con sus manos huesudas un cetro, que parece un garrote, y mira al grupo de la derecha esbozando una macabra sonrisa. Este grupo tiene un carácter alegórico y está formado por las distintas etapas y aspectos de la vida humana. Están entremezclados, cubiertos de telas y en posiciones diversas, generando un totum revolutum de gran riqueza cromática. Se pueden identificar hasta cuatro rostros de doncellas jóvenes, una madre sosteniendo a un bebé, una anciana cubierta con un pañuelo y un hombre consolando a una mujer.

La relación espacial entre estas figuras es profundamente caótica y sugiere movimiento aunque todas, menos una, tienen los ojos cerrados, como si se hallaran en un sueño profundo. Por tanto, se muestran ensimismados en su propia existencia, completamente ajenos al peligro. Solo la anciana parece consciente de la amenaza que acecha al otro lado y demuestra una actitud reverente, resignada. Por el contrario, la muchacha del extremo izquierdo mira a la muerte con los ojos abiertos de par en par; su ausencia de miedo podría justificarse por la ingenuidad típica de la juventud, pero en realidad el rostro está desencajado y la mirada vacía, lo que nos lleva a pensar en la locura, la única causa que haría olvidarse de la gravedad de la muerte.

El cuadro representa el conflicto entre los dos polos de la existencia humana, entre la oscuridad y la luz, entre las múltiples posibilidades de la vida y la nada más absoluta. Su fuente de inspiración son las danzas macabras del arte medieval, a la que el artista añadió una serie de detalles importantes para la interpretación de la obra. Primero, el perfil de todo el conglomerado de las figuras es oval, lo que puede ser una referencia al huevo cósmico, el origen de la vida y del mundo sugerido por muchas culturas antiguas. Segundo, el extremo superior parece un jardín de flores, una alusión a la primavera y, por ende, a la generación de vida. Tercero, los personajes se abrazan y en cierto modo se protegen unos a otros, participando del Amor como fuerza común frente a la muerte. Cuarto, las cruces que ornamentan la túnica del esqueleto remiten a las lápidas y los monumentos de los cementerios. Por último, la oposición entre ambos estados se muestra también en la gama de colores, fríos para la muerte y cálidos para los personajes vivos. Se trata, pues, de una brillante actualización del tema de la muerte en el arte. 


miércoles, 22 de septiembre de 2021

LOS PETROGLIFOS DE LA ZARZA

En estos días en que La Palma está de plena actualidad por la erupción del complejo volcánico de Cumbre Vieja, merece la pena poner en valor el interesante patrimonio cultural que atesora esta isla. Precisamente hace menos de un mes tuve la oportunidad de visitar allí un nutrido conjunto de grabados rupestres localizados en el Parque de La Zarza, al noroeste de la isla. Constituye una de las manifestaciones más antiguas de la cultura benahoarita o aborigen, puesto que son muy anteriores a la llegada de los españoles y de hecho permanecieron ocultos a su mirada durante varios siglos. 
Los primeros petroglifos de La Palma fueron descubiertos en 1752 en la cueva de Belmaco, un yacimiento situado en el extremo sureste de la isla, muy lejos de La Zarza. Por esta razón, el cura José de Viera y Clavijo los consideró como un testimonio aislado y “puros garabatos, juegos de la casualidad o la fantasía de los antiguos bárbaros”. En el siglo siguiente otros investigadores como K. von Fritz, S. Berthelot y R. Verneau comenzaron a interesarse por estos curiosos grabados y apuntaron diversas interpretaciones: simples decoraciones, jeroglifos, símbolos para marcar el paso del tiempo, etc. En la primera mitad del siglo XX se descubrieron nuevos ejemplares, primero en Garafía y en las montañas, y más tarde, en 1941, en los enclaves de La Zarza y La Zarcita.  

Este conjunto, escondido en un frondoso bosque de laurisilva, alberga más de 40 paneles rocosos labrados con formas geométricas, entre las que se distinguen grupos de espirales, círculos y semicírculos concéntricos, meandros y líneas de gran variedad y complejidad. La técnica de ejecución incluye el picado, el abrasionado y la incisión. Su estado de conservación es bueno y la red de senderos ha sido acondicionada para poder acceder hasta ellos sin dificultad. En cuanto al elevado riesgo volcánico, que podría afectar a su conservación, esta parte de la isla se encuentra lejos de las zonas más activas en las que se han producido las últimas erupciones y terremotos.

En cuanto al significado de estos símbolos, se han propuesto varias hipótesis. L. Diego Cuscoy y A. Beltrán Martínez los relacionan con cultos dedicados al agua y el sol; M. Hernández Pérez considera que los grabados siguen parámetros espaciales vinculados a las actividades pastoriles; y E. Martín, J. F. Navarro, J. País y A. Rodríguez creen que son obras de arte rupestre realizadas por los primeros pobladores de La Palma en épocas protohistóricas. La mayoría de los estudiosos coincide en señalar la abundancia de agua en este paraje, que seguramente funcionó como una especie de santuario en el que se desarrollaban ritos comunitarios propiciatorios de la fecundidad y la vida.

MÁS INFORMACIÓN:

Centro de Interpretación Etnográfico La Zarza (ilapalma.net) 


Este blog pretende ser un recurso didáctico para estudiantes universitarios, pero también un punto de encuentro para todas aquellas personas interesadas por la Historia del Arte. El arte es un testimonio excepcional del proceso de la civilización humana, y puede apreciarse no sólo por sus cualidades estéticas sino por su función como documento histórico. Aquí se analiza una cuidada selección de obras de pintura, escultura y otras formas de expresión artística, siguiendo en ciertos aspectos el método iconográfico, que describe los elementos formales, identifica los temas que representan e interpreta su significado en relación a su contexto histórico y sociocultural.